jueves, 14 de agosto de 2014

Del abismo que se abrió en una celda de la prisión de El Dueso


 
[Asamblea en el patio de la cárcel de Carabanchel, 1978]




Cárcel de El Dueso, 1978. Hace solo unas semanas el GRAPO ha asesinado de varios tiros a Jesús Haddad, el Director General de Instituciones Penitenciarias. El atentado era una respuesta a la muerte de Agustín Rueda, un militante anarquista catalán torturado durante días en la cárcel de Carabanchel tras su participación en un motín. El sustituto de Haddad se llama Carlos García Valdés y solo tiene 31 años. Le han elegido a él porque nadie quiere ese cargo. Durante los últimos meses han estallado decenas de motines en las prisiones de todo el Estado. Los presos comunes reclaman una amnistía similar a la que han recibido los presos políticos, pero el Gobierno se niega. No importan las instalaciones destrozadas, las huelgas de hambre, las autolesiones, las denuncias de torturas, las muertes a manos de funcionarios. Solo importa mantener el orden. 

García Valdés decide visitar personalmente algunas prisiones nada más llegar al cargo. Necesita hacerse fotos, contarle a la prensa que se preocupa, aparentar que va a hacer algo para que las cosas cambien. En El Dueso se entrevista con varios presos para que sean ellos mismos los que le transmitan sus reclamaciones. Frente a él, al otro lado de la mesa, García Valdés se encuentra con Daniel Pont. El preso ha sido elegido por sus compañeros para hablar por ellos. Es uno de los líderes más lúcidos, brillantes y combativos de la COPEL, la Coordinadora de Presos en Lucha. La COPEL había nacido en Carabanchel para denunciar la situación de los presos comunes y articular formas de lucha colectivas que les permitiesen reclamar la amnistía. Sus miembros habían estado detrás del motín que había iniciado la oleada de protestas, huelgas y motines que después se había extendido por todo el Estado. Como forma de represalia, la COPEL había sido dispersada y algunos de sus miembros había acabado en El Dueso. Pont era uno de ellos. 

García Valdés y Pont tenían algún punto en común en su biografía, pero sobre todo muchas diferencias. Esas diferencias que hacen que uno esté sentado a un lado de la mesa y otro al otro. Ambos tenía una edad parecida -31 años García Valdés, 29 Pont-, pero su trayectoria era muy distinta. García Valdés procedía de una clase acomodada, se había licenciado en Derecho y había conseguido el doctorado con una tesis sobre el régimen penitenciario español. Pont era hijo de una madre soltera, no había podido estudiar y tenía una prometedora carrera como atracador de bancos cuando le detuvieron. Los dos eran dos personas inteligentes, cultas y brillantes, pero los separaba un abismo. García Valdés representaba la máxima represión que es capaz de ejercer el Estado, el poder para decidir sobre la vida de las personas que permanecían encerradas en las prisiones. Pont personifica la lucha de alguien que no abandona a pesar de estar en la situación de máxima vulnerabilidad, de alguien que no se rinde a pesar de tenerlo todo en contra. No sabemos con exactitud qué se dijeron aquel día, pero por las fotos de la prensa sabemos que, al menos, se miraron a los ojos. 




[Datos extraídos del magnífico libro de César Lorenzo Rubio "Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la Transición" (Virus, 2014]

lunes, 11 de agosto de 2014

Instrucciones para entender el lenguaje de los insectos




1. Los insectos clavados con alfileres en cajas de coleccionistas de dedos pequeños hablan el lenguaje de los muertos.
1. 1 No escuchéis el lenguaje de los muertos. Los muertos usan palabras extrañas y murmuran historias que hablan de muchachas que duermen con los ojos abiertos en el fondo de los estanques.
1.1.1 Cuando llegan las heladas rojas, las muchachas buscan sus cabellos perdidos y se los cosen a sus vestidos.
1. 2 Tampoco escuchéis a los coleccionistas de dedos diminutos, porque el lenguaje de los muertos ha envenenado sus oídos y los ha hecho pacientes como las enredaderas o los cocheros alemanes.


2. Escuchad solo a los insectos que murmuran bajo la tierra o a los que son anudados con una cuerda a la muñeca de las muchachas que caminan de un lado para otro y gritan azul azul azul debajo de la cama.
2.1 Los insectos que murmuran bajo la tierra solo salen de noche. Se cree que se propagan por medio del sudor, que se hiela formando pequeños embriones que carecen de lengua.
2.2 Las muchachas que gritan azul azul azul conocen el proceso de fermentación del agua de los estanques, de ahí su terror a los espejos.


3. Una plaga de libélulas asoló la ciudad de Lisboa el 17 de abril de 1803, pero ese día ha desaparecido del calendario.
3.1 Los fabricantes de ataúdes yugoslavos conocen todos los días que han desaparecido del calendario: 7 de diciembre de 1327, 25 de junio de 1913, 30 de marzo de 1751.


4. Se sabe que la calvicie es producida por las orugas que reptan hasta el cabello de los hombres mientras duermen y les susurran extraños cantos en sueños. Los cantos son tan amargos que los cabellos mueren de tristeza y se caen antes de que amanezca.


5. Encerrad cinco polillas en un frasco de cristal hasta que mueran de tristeza. Después arrancadles las alas y enterradlas bajo la tierra del huerto. Cuando venga la tormenta, crecerán plantas que arrastrarán sus tentáculos por el suelo y darán flores que alumbran por la noche a los que se pierden en la maleza. Bebed ese polen y entenderéis el lenguaje de los insectos, pero solo los días que soplen vientos del norte.
5.1 Las comadrejas apagan el fuego con su leche, pero se alimentan de polillas.
5.2 El polen es blanco como la tristeza.


6. Hay razones para creer que las luciérnagas son insectos malvados como los ángeles o los niños que caen a los pozos.
6.1 Los niños que caen a los pozos construyen nidos subterráneos.


7. Las mantis religiosas se alimentan de polen blanco y papel de aluminio, pero sus oraciones son sencillas de entender: basta con dársela de comer a un vencejo y escuchar después los murmullos del pájaro.
7.1 Los vencejos muertos colocados sobre el vientre permiten predecir el futuro.


8. Si se mastican los cabellos de los ancianos, se entiende el lenguaje de los insectos durante media hora.
8.1 Cuando un anciano va a morir, se quita los dientes y los huesos y los machaca en un mortero para que sus secretos no puedan escaparse.
8.1.1 Los fabricantes de anillos de latón creen que esas cenizas sirven para evitar que los rayos caigan en las casas, pero los ancianos saben que los rayos son atraídos por las bombillas, como los insectos.


9. No os fiéis de los gusanos de seda, sus hilos son engañosos como los invernaderos o los estambres de la adormidera.


10. Los ángeles son un tipo de insecto, pero su lenguaje no puede ser entendido.




[Texto publicado originalmente en el tercer número del fanzine "No eres consciente" , que reúne ilustración, poesía, collage, prosa y fotografía.]

martes, 5 de agosto de 2014

Réquiem por Lolita




Leo la antología "Réquiem por Lolita" y me vuelvo a encontrar este poema de Unai Velasco. Ya lo conocía de su libro "En este lugar", pero es una pasada. Lo tengo tan subrayado y anotado que casi no puedo leerlo en el libro. De hecho he decidido copiar también los subrayados para que veáis a qué me refiero. Es un poco largo, así que solo he copiado las tres últimas estrofas. 


Una teoría centífruga

Dama de la marca, a tu pies yo arrojo mi colección de esponjas
mis aromas más tibios mis defensas
más bajas
una lanza de destellos para tus musculaturas verdes
para que tu furia arrecie y nuestras pieles se levantes sorprendidas. 
Yo toco al azar tus tres cabezas de hidra, y les impongo
mi catálogo de servidumbres, puedo respirar
tus escamas blancas
recojo los requisitos más luminosos de tu aliento, yo.
Porque conozco tus impuestos, la preparación
de tus jinetes
la polvareda de tu designio.
Mujer de los territorios desarrapados donde no crece el porvenir
vierto en tu voz chatarras viejas para que suenen
chatarras nuevas para que suenen.
Tú hocicas remueves limos limpios
huergas hueles entre la piara de besos
y todas mis ramas carnes crecen, entienden predicciones:
estuve en Dodona y vi hogueras de comunicación
sobre las mesetas.
Sé que curtes piel
    sé que te preparas para la guerra.



Mujer amada de esta marca, he destripado abundantes peces
he comido con avidez el hígado de las aves
he seguido los mínimos movimientos de tu pelo
                                                            su política,
y nada me ha revelado tu estrategia de lunares. 
Conducido a la batalla campal de las almas
paso revista a todas mis sabidurías.
                                                  Pero para qué
para qué acudir a esta guerra
si no hay aldeas que arrasar
                                        en mis brazos
mujeres que raptar
si por mi espalda no corren niños
                                cuyo pecho fracturar
bueyes pesadumbres que desjarretes.
Solamente hay maizales de desolación fructíferos
y mi barba es miserable, un cañaveral estanco.



Amada mía, ensortijada y botánica,
rindo en este lugar elegantes transformaciones,
he aquí la bisutería que mi cabeza puede ofrecerte
como una hilera de esclavos
como una rendición mis cojines
mas mullidos para el desencanto canto canto de alabanza
de alabanza
canto d


                                 es mentira
   es mentira


Unai Velasco
En este lugar (2009)

viernes, 1 de agosto de 2014

De lo que me dijo el embalsamador antes de cerrar mis ojos


Theda Bara, The Unchastened Woman, James Young, 1925.





“y a su paso las lilas se doblaban”
Batania

“como ángeles deficientes a los que dios
hubiese encargado la destrucción
de una ciudad”
Juan Manuel de Prada


I

Oh, qué os hicieron. Qué os hicieron. Cuántos agujeros hermosos e inútiles. Cuánta prisa por arrojaros al lecho de los durmientes. Yo vi vuestra muerte, que fue hermosa como los cantos de la escarcha, como los salvajes alaridos de los profetas. Os vi caer sobre la acera y ser pisoteados por los ciervos. Erais tan hermosos que ni si quiera podíamos sosteneros la mirada, y teníamos que bajar la frente pálida por la culpa. Tú estabas allí tendida y eras la más hermosa de todos. Eras tan hermosa que las lilas se doblaban a tu paso. Eras tan hermosa que los locos bailaban con las manos atadas a la espalda cuando te veían. Eras tan hermosa que los suicidas te regalaban los botones de sus abrigos a pesar de los dedos largos del invierno. Eras tan hermosa que los mendigos te ponían flores y caimanes en el pelo. Habías caído sobre la acera y eras tan hermosa que tuve que cerrar los ojos cuando recogí tu cuerpo.

II

Yo coseré para ti un vestido de luto y dejaré crecer tus cabellos para que puedas dormir envuelta en ellos. Yo inyectaré la ponzoña en tu cuerpo, y tu cuerpo se mantendrá joven y bello como si nunca hubiera conocido la melancolía. Después adornaré tu lecho con polillas y todos vendrán a arrodillarse frente a él. Todos se dejarán caer sobre tu frente. Todos se cortarán los dedos en señal de respeto. Todos llorarán delante de tu belleza.  


III

Oh, qué os hicieron. La muerte, la muerte, la muerte, la muerte. Os abatíais sobre la ciudad como una plaga de langostas, como un enjambre de insectos enormes y terribles. Vuestros cantos nos hipnotizaron, y solo fuimos capaces de caer de rodillas delante de nuestras casas, sin poder apartar la vista de vosotros. Entonces supe que dios había enviado a sus ángeles deficientes a destruir la ciudad, supe que erais portadores de la destrucción y la pureza. Era tan hermoso ver cómo propagabais las esporas de la fiebre, cómo  incendiabais las casas de los usureros, cómo arrastrabais hasta la hoguera a los mercaderes, cómo hacíais caer los infinitos mecanismos de la destrucción con vuestras piedras. Entonces supe también que no iban a permitiros vivir mucho más allá de aquel día. Las autoridades estatales encargadas de la extensión de la tristeza enviaron a sus francotiradores, que aprendieron su oficio disparando sobre vosotros. Oh, qué os hicieron, qué os hicieron, cómo corrió la sangre aquel día. Era tan hermoso veros caer sobre la acera. Tú eras la más bella de todos, tú contenías el exterminio de todas las libélulas, tú llevabas la devastación dentro del pecho. Ellos querían llevarse tu cuerpo para cerrar los agujeros, pero no veían que por aquellos agujeros manaba la luz del interior de tu cuerpo. Ellos no podían ver aquella luz, pero brillaba tanto como si hubieras tragado miles de luciérnagas. Por eso me llevé tu cuerpo, para que no cosieran aquellos agujeros. Me llevé tu cuerpo porque yo he visto tu muerte y fue hermosa. Me llevé tu cuerpo porque yo he visto tu muerte y no podía olvidarla.





[Este poema está publicado en "Serial" (El Gaviero, 2014), una antología que recoge poemas sobre series de televisión. El mío tiene que ver con "A dos metros bajo tierra"]



miércoles, 23 de julio de 2014

Tríptico del canibalismo



I


[El general Butt Naked, convertido en predicador]


Liberia, 1999. El norte del país es invadido por un grupo rebelde apoyado por el Gobierno de la vecina Guinea. El objetivo es hacer caer del poder a Charles Taylor, que había ganado las elecciones después de una guerra civil que él mismo había comenzado cuando sitió la capital, Monrovia. La invasión genera un nuevo conflicto armado, el segundo en apenas una década. El país estalla. Por todos lados comienzan a surgir señores de la guerra que tratan de conseguir su cuota de poder para seguir traficando con armas, con drogas y con personas. Liberia se convierte en un infierno, aunque en realidad nunca ha sido otra cosa. Los señores de la guerra pronto son mucho más poderosos que el ejército del Estado. Los dos asesinan, secuestran, violan, saquean y mutilan, pero los segundos han comprendido mucho mejor los resortes internos del capitalismo. Esos resortes que permiten explotar a niños en minas de diamantes drogándolos con cocaína insertada directamente en el cerebro. Los que premian a los emprendedores que trafican con personas. Los que te hacen rico y poderoso.

Los señores de la guerra creen en el capitalismo, pero también creen en muchas otras cosas. Creen en el canibalismo, en la sangre, en la ingestión del cuerpo del enemigo. En la oscuridad que hay en los recovecos de las vísceras, en la pureza de los niños, en las sustancias que entran en el cerebro y lo hacen pedazos, en los ritos sagrados. El general Butt Naked, uno de los señores de la guerra más poderosos de Liberia, oficiará ceremonias que le permitirán ser inmune a las balas. En ellas, cogía niños menores de seis años, les abría una herida por la espalda y les sacaba el corazón mientras estaban todavía vivos. Después se lo comía y se embadurnaba el cuerpo con la sangre todavía caliente. Peleaba desnudo porque la sangre y las vísceras protegían de las balas.




II


[Enriqueta Martí]


Es 1999 pero podría ser cualquier otro año. En realidad la fecha no importa. El tiempo no es lineal, avanza y retrocede mediante la repetición de ritos. Comer vísceras de niños para alcanzar algo de su pureza, para evitar la vejez, para ser inmune a la muerte. Podría ser, por ejemplo 1912. Estamos en una Barcelona enterrada en pólvora y dinamita, pero los atentados anarquistas y los tiroteos de los sicarios enviados por la patronal no son las únicas sombras que acechan en la oscuridad de los callejones. Las bombas estallan, los cadáveres de los poderosos crecen en las aceras, las alcantarillas se llenan de murmullos. Es el 27 de febrero de 1912 y el brigada Ribot, miembro de la policía municipal de la ciudad, se encuentra frente a la puerta del número 29 de la calle de Ponent. Una vecina ha denunciado que en ese piso está Teresa Guitart Congost, una niña de diez años que lleva varios días desaparecida. No era el primer niño que desaparecía en el Raval, pero qué importaba, eran pobres, los pobres ni siquiera saben cuántos hijos tienen, los habrán mandado a pedir. Cuando los policías entran en el piso lo que ven es mucho peor de lo que se habían imaginado. Hay dos niñas en lugar de una y las dos llevan el pelo rapado y la ropa hecha jirones. La segunda niña, llamada Ángela, cuenta que ha visto cómo la dueña asesinaba a un niño en la mesa de la cocina. Cómo le inmovilizaba, le clavaba un cuchillo y recogía su sangre en una palancana.

Fuera estallan las bombas, pero el infierno está allí dentro. Ribot inspecciona el piso y se encuentra con el horror. En un cuarto cerrado con llave hay decenas de jarras, frascos y cubos que conservan restos humanos de todo tipo: sangre coagulada, grasa hecha manteca, esqueletos enteros, cráneos agujereados. Detrás de las paredes y en los falsos techos duermen decenas de cadáveres, todos de niños de entre tres y seis años. La casa es un enorme cementerio. Durante años, la dueña, Enriqueta Martí, se había dedicado a secuestrar y asesinar niños que luego emparedaba en los muros y los techos de las propiedades que tenía repartidas por toda la ciudad. Como si repitiese algún rito.

Pero aquella no sería la única sorpresa que aguardaba en el piso de la calle Ponent. En medio del horror había un papel escrito a mano, una lista que contenía los nombres de las familias más ricas e influyentes de Barcelona. Un listado de clientes. Los poderosos compraban ungüentos y pociones a Enriqueta para mantenerse jóvenes y sanos. Los ricos se comían a los hijos de los pobres. Las autoridades evitaron que el contenido de la lista trascendiera a la prensa, pero los rumores decían que en ella había políticos, médicos, empresarios, banqueros. La versión oficial dijo que era solo un listado de las familias a las que Enriqueta mendigaba, pero los murmullos que se oían en la calle eran muy distintos. Los que los pronunciaban había visto a Enriqueta salir de noche con joyas y vestidos de lujo, montarse en coches de caballos y dirigirse a la zona rica de la ciudad. De hecho, esos vestidos y esas joyas fueron encontrados en los pisos de Enriqueta, todos de su talla.

La asesina fue detenida y encarcelada, pero las autoridades nunca investigaron aquellas listas ni aquellos rumores. La semana trágica bullía todavía en las alcantarillas de la ciudad, pesaba en el ambiente como una neblina densa y pegajosa que lo anegaba todo. Las autoridades tenían que acallar aquel murmullo insistente que susurraba en los oídos de los pobres que los poderosos no solo les explotaban hasta la extenuación en los talleres y las fábricas, sino que también secuestraban, asesinaban y devoraban a sus hijos.




III


[soldados japoneses con prisioneros de guerra]



 Los ritos se repiten, el tiempo retrocede y avanza de forma caótica. La sangre y las vísceras que dan la salud, que curan la enfermedad, que alejan la muerte unos instantes. Los suficientes para sobrevivir a una guerra, para volver a casa y guardar silencio. Nueva Guinea, 1944. El ejército japonés está perdido en un país extraño y terrorífico. Sus líneas de suministros han sido cortadas por los aliados y los soldados se mueren de hambre. Pero por qué morir de hambre si tienes prisioneros, si su carne sabe como cualquier otra, quizá algo más dulce, pero carne al fin y al cabo.

El soldado indio Lance Naik Hatam Ali (más tarde ciudadano de Pakistán), testificó que en Nueva Guinea: “los japoneses empezaron a seleccionar prisioneros y todos los días uno era llevado fuera, asesinado y comido por los soldados. Personalmente, vi que esto ocurría y alrededor de 100 prisioneros fueron comidos en el mismo lugar por los japoneses. El resto fuimos trasladados a otro lugar a 80 kilómetros  de distancia, donde 10 prisioneros sucumbieron a las enfermedades. Allí, los japoneses nuevamente empezaron a seleccionar prisioneros para comérselos. Los escogidos eran llevados a una choza donde se separaba la carne de sus cuerpos mientras estaban vivos y, luego, eran tirados a una fosa donde más tarde morían.”

Pero el canibalismo no era producto solo del hambre y la desesperación. Después de la II Guerra Mundial, el Estados australiano inició una investigación para esclarecer la muerte de varios soldados de esa nacionalidad que habían sido hechos prisioneros por el ejército japonés. Los resultados de la investigación nunca salieron a la luz. La realidad era demasiado terrible, y aquellos documentos cogieron polvo en algún sótano del Ministerio del Interior. Décadas después, en los años noventa, el historiador japonés Yuki Tanaka encontró esos archivos mientras realizaba una investigación sobre el papel de las tropas japonesas en la contienda. Allí, entre decenas de documentos clasificados, otra vez el mismo rito, perfectamente documentado. Los soldados japoneses habían practicado el canibalismo, se habían comido a los prisioneros. Había declaraciones de testigos que afirmaban haber visto esta práctica con sus propios ojos, haber presenciado cómo los soldados japoneses devoraban soldados enemigos muertos y utilizaban a los vivos como ganado humano. Según Yuki Tanaka no eran simples casos aislados, sino que "el canibalismo era a menudo una actividad sistemática conducida por escuadrones enteros y bajo la dirección de oficiales". Esta misma tesis sería confirmada solo unos años más tarde por el historiador Antony Beevor, que investigó los archivos australianos y los contrastó con documentos desclasificados por el gobierno estadounidense. En ellos, se confirmaba que el ejército japonés había utilizado a prisioneros de guerra como ganado humano, manteniéndolos con vida solo para ser asesinados y devorados de uno en uno, como parte de “una estrategia militar sistemática y organizada.”

Comer la carne del enemigo, protegerse de las balas, alejar la muerte, repetir el rito. Murmullos que susurran al oído, vísceras que hablan de la oscuridad que todos llevamos dentro. 

jueves, 17 de julio de 2014

Primer día de experimento: Moscú, la Lubianka, Dora y Discipline


[La Lubianka, en una foto de 1925]



Ellos no saben nada, ellos no te han visto caer de la ventana de Lubianka donde aullabas como aúllan las comadrejas en el parto de la noche. Ellos no te han visto caer de la Lubianka el 7 de mayo de 1925, no te han visto ser arrojado, no han visto tu cabeza estrellarse contra el suelo. Ellos creen saberlo todo de la violencia pero no saben nada porque nunca han sentido latir a la violencia en sus manos ni siquiera han tocado nunca una pistola. La violencia es sagrada, la violencia es sagrada, por eso todos las ansían con desesperación. Ellos no te han visto asesinar con tus propias manos a los veintisiete caimanes que llevaba prendidos en el pelo ellos no te han visto hermoso, violento, adolescente. Ellos no te han visto desobedecer al partido porque no importa nada más que la muerte no lo entienden pero no importa nada más que la muerte ellos no te han visto despreciar la revolución. Ellos no te han visto dibujando los planos de Petrogrado sobre la piel de mi brazo amándome con la fuerza de algún extraño fenómeno natural haciendo que nuestros cuerpos se atraigan de una forma casi cósmica. Eres tan hermoso que Moscú no puede soportar tu belleza y manda a sus perros tras tus pasos eres tan hermoso que nadie puede soportar tu belleza eres el ángel que debe exterminar la belleza del mundo. Ellos no te han visto manejando las formulas alquímicas del incendio asesinando al marido de tu amante cayéndote por las calles de París con los alcoholes de la absenta empapando tus pulmones. Eras tan hermoso con los ojos llenos de nieve con los ojos llenos de atentados celestes con los ojos llenos de muerte. Eras tan hermoso que no pudieron soportar tu belleza y te arrojaron desde la ventana como se arroja a los ángeles y yo ese 7 de mayo de 1925 escuché un golpe y salí a la calle y corrí por las calles de Moscú donde la nieve iba a inundar las aceras durante tres años consecutivos y te busqué por todas las calles pero las calles estaban hechas de caballos amarillos y los que manejan las hoces no abren las puertas a los amantes de la desesperación. Me arrodillé y mis pies se hundían en la nieve y tu cadáver se hundía en la nieve y tus ojos eran tan hermosos llenos de nieve. Los hubiese matado a todos, hubiese matado a todos los bolcheviques, a todos los revolucionarios, a todos los proletarios a todos los miembros del partido. 



[Este texto es un juego. En realidad todos los textos lo son, pero éste quizá de forma más consciente. Empecé hace unos días. El juego consiste en escoger a un personaje y una canción o una pista musical. Durante el tiempo que dura la música, hay que escribir como si fuésemos ese personaje, como si estuviésemos dentro de su cerebro. Escribir sin pensar ni detenerse con la puntuación o la gramática. De la forma más automática posible. Cuando acaba la música, el texto no se puede volver a tocar. El de arriba es el primer texto que hice. Como personaje escogí a Dora, integrante del grupo terrorista al que pertenecía Boris Savinkov. Ya sé que he hablado de Savinkov hasta el cansancio, pero para la primera vez que hacía el experimento me resultaba fácil. Como pista musical escogí "Discipline", de Silent Servant]